.Anatomía de Susodicho. Capitulo 3.
En la última entrega de este apasionante folletín, nuestro héroe había hallado el mapa del tesoro del capitán Malvado...
Pero no os liéis, que sois muy como así...
Aquí empieza la trama
Aquí sigue la historia
La historia verídica del tesoro
La enfermera Melocotona, dándose cuenta de la importancia del hallazgo (Esa semana, en las clases nocturnas a las que acudía por la mañana bien temprano, habían estudiado los verbos reflexivos de segunda generación. Una de las frases que se pusieron como ejemplo para analizar había sido. "Angunos piratas malotes escondian mapas de tésoros hen los lügares mas insospechiados") y sin que sirviera de precedente, tomó con sus manitas al honradísimo protagonista de estas hazañas y le cuchicheó al oído algo referente a salir corriendo a comprar unas palas y a cambiar un pijama que le estaba pequeño.
Susodicho, que jamás ha sido propenso a dejar a medias una labor, bueno... menos una vez que... espera y otra que estaba, no y aquella vez y la otra y esta mañana que se ha dejado el cepillo de dientes...
Susodicho, al que le encanta no terminar nunca lo que empieza, escuchó a la enfermera con interés; sopesó con esa sangre fría que le caracteriza los aspectos intrínsecos, y sentenció de forma taxativa con un contundente "Jooo, es que ahora ponernos a comprar palas para hacer hoyos...¿porque no los compramos ya hechos?"
Pero ella era profiláctica a sus quejas y mohines, y con un somero "Anda, tira, que me tienes contenta..." zanjó la conversación.
El Corte inglés estaba lejos y en la ferretería se negaron a cambiarle el pijama, en cambio, les vendieron unas palas monísimas.
Y se pusieron en marcha.
Fueron andando por la ruta de la plata hasta que llegaron a la ruta del cobre. Lo hicieron con el artero truco de poner un pie delante del otro, y luego el otro, y el otro... como solo tenían dos pieses cada uno de ambos se vieron obligados a dar los pasos con esos solos pieses, pero se fueron apañando.
Cuando cayó la noche estaban en la esquina de la calle del pez con la selva misteriosa (La ciudad es que era muy rara, la diseñó Don Pánfilo Carahuevo, que fue un personaje del que se podrían contar muchas cosas, la mayoría mentiras cochinas) y apenas había luz en las farolas para consultar el mapa. Acamparon en una parada de taxis abandonada en la que se decía que los domingos por la tarde se escuchaban partidos de fútbol.
Hicieron un fuego y ella preparó un poco de arroz con leche con algunas provisiones que llevaban. Como no se pusieron de acuerdo en los turnos de las guardias decidieron que lo mejor era que hicieran las guardias juntos, así uno podría mantener despierto al otro y darle conversación.
Poco antes del amanecer atacaron los indios, pero como estaba oscuro pasaron de largo.
Ella preparó un poco de paella de marisco para desayunar y se pusieron en marcha.
A media mañana pararon de su larga caminata y prepararon un poco de café con leche y ella hizo unas magdalenas con trocitos de chocolate por encima y unos bollos suizos con crema, que le salieron muy ricos. Después del tentempié, se dieron de bruces con un templo abandonado lleno de trampas mortíferas y de serpientes venenosas. Ella dijo de rodearlo, pero Susodicho se estaba haciendo pis y decidió buscar los aseos del templo.
Lo primero que se encontró fue un pasillo muy largo con unas baldosas que si las pisabas se disparaban unas flechas. Seguramente otro héroe se hubiera dado por vencido o hubiera muerto (o hubiera resultado malherido, o lesionado o contusionado o aflecheado o rasgado o algo) pero él es un hombre (o por lo menos lo parece) de recursos y no pisó las baldosas. Cuando llegó al final del pasillo, se encontró con que éste tenía dos ramificaciones, a la derecha y a la izquierda. Con esa gran cultura que le caracteriza (menos los lunes al mediodía, que es por genética medio analfabeto) recordó de sus años de estudios en arqueología bizantina que en los templos antiguos siempre se ponían los servicios al fondo a la derecha (tradición que aún se conserva a día de hoy -dos de marzo) y optó por el pasillo de la derecha.
Estaba muy oscuro y le costó un poco de trabajo dar con el interruptor. Los tubos fluorescentes eran muy arcaicos, de madera y piedra caliza, pero aun funcionaban. A la tétrica luz pudo comprobar horrorizado que estaba todo el suelo sin fregar por lo menos desde hacía varios siglos. Se armó de todo su valor y con cuidado alcanzó el final del pasillo, y con él, la puerta de los aseos. El de señoras estaba cerrado con llave ("para ponerse a buscar al encargado", pensó) el de caballeros estaba abierto, y a juzgar por el brillo del suelo, lo habían fregado hacía poco.
Hizo lo que todo hombre sabe que debe hacer cuando está en un urinario y retorno a donde estaba Melocotona, que en esos momentos luchaba a brazo partido con un gorila muy simpático, que se tuvo que ir enseguida porque se había dejado algo descongelando y no quería que se le pasara.
Al mediodía, y siempre siguiendo las indicaciones del mapa, llegaron a lo alto de una colina, donde un indio había puesto un kiosko de prensa y una india pechugona cambiaba los pañales de un querube orondo.
- Jau -dijo el intrépido Susodicho.
- Jau -le respondió el indio en un perfecto indio.
- Mi querer hablar con rey vuestro -le explicó el explorador haciendo muchos gestos- gran hombre blanco que busca tesoro que seguir intrincadas indicaciones de vetusto mapa precisar con urgente precocidad hablar con hombre sabio tribu vuestra, Jau.
- Gran jefe estar con días asuntos propios -le replicó el indio- poderle atender si premura ser excesiva el segundo gran jefe de tribu, jau.
- Premura ser excesiva que te rayas, jau -intervino Melocotona.
- Yo ser pasante de segundo gran jefe, ¿en que poder atender? jau -dijo el más indio de ellos.
- Necesitar indicaciones para encontrar tesoro de mapa, jau -dijo la más mujer de ellos.
- A ver, mapa -pidió el señor pasante del segundo gran jefe, y añadió aún- Jau
Se le tendió el mapa y lo miró con detenimiento, estuvo sopesando la publicidad que había en los márgenes del viejo pergamino, y lo miró por dentro y por fuera, por delante y por detrás y al final dictaminó con rotunda seguridad:
- Este mapa está caducado, jau.
-¿Cómo? jau -exclamaron al unisono ambos protagonistas de este relato lleno de misterio y tensión.
- ¿Ver aquí? Debajo de donde poner "Lanzas y alfanjes acme", ¿ver? poner Caduca en Febrero de 2014. Este mapa ya no valer para encontrar tesoro, jau.
Y así, Susodicho y Melocotona, donaron el mapa del tesoro a la india pechugona y volvieron lentamente a la parada del autobús que los llevaría de vuelta a la civilización.
Mientras tanto, oculto ya para siempre de la codicia humana, un arcón repleto de huevos fritos fresquísimos descansa de la pátina del tiempo y de la mordacidad de un señor de Lugo que tiene bigote.
Continuará...
domingo, 2 de marzo de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
La leyenda del jinete vertiginoso
En los anales de las antiguas crónicas de la comarca, entre los capítulos dedicados a la invasión de las arañas radiactivas, que se produjo un día que estaba todo cerrado, y el episodio postrero y cruel que protagonizó la insigne alcaldesa de la villa al darle un cocotazo a traición al escriba mayor del reino, destaca con trazos verdes la espantosa y truculenta hazaña del jinete vertiginoso.
Cuenta la leyenda que en las noches de luna menguante, cuando la niebla cubre los páramos y los ancianos se mesan los cabellos en la triste oquedad de sus sucios cuchitriles, se oye a los lejos el galope de un alazán poderoso y los gritos del hombre que lo monta.
Cuenta la leyenda que él era un joven mozo de cuadra muy bien plantado que se enamoriscó de la hija de los señores del castillo.
Hay que hacer un inciso en este relato, porque aquí no hubo jamas ningún castillo, ni cuadras, ni mozos, ni señores ni nada. En la comarca solo ha habido desde tiempo inmemorial los cuchitriles sucios de los ancianos que se mesan los cabellos y una vez una señora puso un puesto de verduras, pero lo quitó enseguida porque se puso a llover. Eso fue también muy comentados.
Continuando con nuestro relato, hemos de apuntar que el señor del castillo no consintió que el felón del repugnante mozo de cuadra se trajinara todos los días a su hija de cinco a seis, menos los jueves, que tenia academia de danzas medievales y lo llamó a su presencia.
"Fernandito, hijo..." -le dijo con voz tremolante y ahito de angustia paterna- "...no es que yo me quiera meter en tu vida ni nada, vaya eso por delante, pero que esta un poco feo, entiéndeme Fernandito y por favor no te ofendas, que todos los días pongas a mi amada hija en lo alto de la torre del homenaje a cuatro patas y te dediques a hacer cochinerias con ella al grito de ¡Que se joda el señor del castillo!..." -el mozo Fernandito miraba cariacontecido el bellísimo suelo del salón de los señores, y aguantaba con estoicismo el injustísimo rapapolvo del que era objeto en su inmensa bondad de corazón- "...así que me gustaría pedirte que, por favor y sin que te sirviera de molestia, fueras un poco mas discreto en tus efusiones amorosas hacia mi hija dilecta y no gritaras esas cosas hacia mi persona. No es que yo te quiera imponer ningún tipo de censura ni nada parecido, por favor, entiéndeme y no malinterpretes mis torpes palabras, pero es que luego los demás señores se me ríen y los juglares hacen chanzas y jolgorios a costa mía"
El pobre Fernandito estaba sumido en un silencio respetuoso y oclusivo (algunos expertos hablan también de un silencio fricativo, pero parece exagerado) y elevando los ojos de su insigne sumisión, musitó con voz queda y entrecortada:
"¡¡¡Ah, no!!! por ahí si que no paso. ¿¿Pero que clase de horrible dictadura es esta en la que uno no puede zumbarse a la guarrona del castillo desde lo alto de la torre?? ¿Pero para que hemos muerto tantos mozos, algunos hasta dos y tres veces, en tantas cuadras luchando por nuestros derechos? ¡¡Voto a los tres mosqueteros que tal infamia no ha de quedar sin ver cumplida sentencia de honor!! ¡Hay que joderse!"
Y ya sin decir nada más, se irguió humildemente y abandonó las estancias dando un severísimo portazo al salir.
Cuenta la leyenda que el señor del castillo se sonó los mocos con un carísimo pañuelo de oro y pedrería y el humilde mozo se fue a la capital y se alistó como inspector de hacienda en las huestes del condestable del reino, que a la sazón era Don Montorito de Lomo, primado mayor y senescal de la comarca.
Tanto debió de estudiar en su nuevo puesto el mozo Fernandito que en apenas una semana fue expulsado y condenado al destierro y al ostracismo. Pero hete aquí, que en aquel trance se celebró la batalla del abejarruco y no había caballos para el batalla de vuelta. El rey concedió una bula y la reina otra.
Dice la leyenda que el joven volvió a la comarca, dispuesto a mozear en la cuadra, como era su obligación, cuando una yegua le pisó un callo que llevaba ya muchos años en su piernecita derechita, y víctima de la congoja y el pisotón, profirió con tremenda y dramática exclamación un sacrílego exabrupto.
Hubo alguienes que lo acusaron con cobarde prontitud ante el tribunal de injurias, sacrilegios y otros pecados capitalinos y se celebró el juicio.
Cuenta la leyenda que fue un juicio muy bonito y que la alcaldesa de la comarca se quedó durmiendo en su casa. También se rumorea que Fernandito se pillo un dedo con una puerta al ir a exponer sus razones y soltó otro grito que lo incriminó de manera rotunda ya.
Fue condenado a ser personaje de leyenda con maldición propia y él, humildemente, aceptó. Lo montaron a caballo y lo pusieron a galopar, y justo en ese momento, el humilde joven observó que tenia vértigo y que si por favor lo podían bajar, que ya si acaso se montaba él en una silla.
Y esos son los gritos que según la leyenda se oyen en las noches brumosas en la comarca. Y esa es la leyenda del jinete vertiginoso, que el angelico mio es que tiene vértigo.
Cuenta la leyenda que en las noches de luna menguante, cuando la niebla cubre los páramos y los ancianos se mesan los cabellos en la triste oquedad de sus sucios cuchitriles, se oye a los lejos el galope de un alazán poderoso y los gritos del hombre que lo monta.
Cuenta la leyenda que él era un joven mozo de cuadra muy bien plantado que se enamoriscó de la hija de los señores del castillo.
Hay que hacer un inciso en este relato, porque aquí no hubo jamas ningún castillo, ni cuadras, ni mozos, ni señores ni nada. En la comarca solo ha habido desde tiempo inmemorial los cuchitriles sucios de los ancianos que se mesan los cabellos y una vez una señora puso un puesto de verduras, pero lo quitó enseguida porque se puso a llover. Eso fue también muy comentados.
Continuando con nuestro relato, hemos de apuntar que el señor del castillo no consintió que el felón del repugnante mozo de cuadra se trajinara todos los días a su hija de cinco a seis, menos los jueves, que tenia academia de danzas medievales y lo llamó a su presencia.
"Fernandito, hijo..." -le dijo con voz tremolante y ahito de angustia paterna- "...no es que yo me quiera meter en tu vida ni nada, vaya eso por delante, pero que esta un poco feo, entiéndeme Fernandito y por favor no te ofendas, que todos los días pongas a mi amada hija en lo alto de la torre del homenaje a cuatro patas y te dediques a hacer cochinerias con ella al grito de ¡Que se joda el señor del castillo!..." -el mozo Fernandito miraba cariacontecido el bellísimo suelo del salón de los señores, y aguantaba con estoicismo el injustísimo rapapolvo del que era objeto en su inmensa bondad de corazón- "...así que me gustaría pedirte que, por favor y sin que te sirviera de molestia, fueras un poco mas discreto en tus efusiones amorosas hacia mi hija dilecta y no gritaras esas cosas hacia mi persona. No es que yo te quiera imponer ningún tipo de censura ni nada parecido, por favor, entiéndeme y no malinterpretes mis torpes palabras, pero es que luego los demás señores se me ríen y los juglares hacen chanzas y jolgorios a costa mía"
El pobre Fernandito estaba sumido en un silencio respetuoso y oclusivo (algunos expertos hablan también de un silencio fricativo, pero parece exagerado) y elevando los ojos de su insigne sumisión, musitó con voz queda y entrecortada:
"¡¡¡Ah, no!!! por ahí si que no paso. ¿¿Pero que clase de horrible dictadura es esta en la que uno no puede zumbarse a la guarrona del castillo desde lo alto de la torre?? ¿Pero para que hemos muerto tantos mozos, algunos hasta dos y tres veces, en tantas cuadras luchando por nuestros derechos? ¡¡Voto a los tres mosqueteros que tal infamia no ha de quedar sin ver cumplida sentencia de honor!! ¡Hay que joderse!"
Y ya sin decir nada más, se irguió humildemente y abandonó las estancias dando un severísimo portazo al salir.
Cuenta la leyenda que el señor del castillo se sonó los mocos con un carísimo pañuelo de oro y pedrería y el humilde mozo se fue a la capital y se alistó como inspector de hacienda en las huestes del condestable del reino, que a la sazón era Don Montorito de Lomo, primado mayor y senescal de la comarca.
Tanto debió de estudiar en su nuevo puesto el mozo Fernandito que en apenas una semana fue expulsado y condenado al destierro y al ostracismo. Pero hete aquí, que en aquel trance se celebró la batalla del abejarruco y no había caballos para el batalla de vuelta. El rey concedió una bula y la reina otra.
Dice la leyenda que el joven volvió a la comarca, dispuesto a mozear en la cuadra, como era su obligación, cuando una yegua le pisó un callo que llevaba ya muchos años en su piernecita derechita, y víctima de la congoja y el pisotón, profirió con tremenda y dramática exclamación un sacrílego exabrupto.
Hubo alguienes que lo acusaron con cobarde prontitud ante el tribunal de injurias, sacrilegios y otros pecados capitalinos y se celebró el juicio.
Cuenta la leyenda que fue un juicio muy bonito y que la alcaldesa de la comarca se quedó durmiendo en su casa. También se rumorea que Fernandito se pillo un dedo con una puerta al ir a exponer sus razones y soltó otro grito que lo incriminó de manera rotunda ya.
Fue condenado a ser personaje de leyenda con maldición propia y él, humildemente, aceptó. Lo montaron a caballo y lo pusieron a galopar, y justo en ese momento, el humilde joven observó que tenia vértigo y que si por favor lo podían bajar, que ya si acaso se montaba él en una silla.
Y esos son los gritos que según la leyenda se oyen en las noches brumosas en la comarca. Y esa es la leyenda del jinete vertiginoso, que el angelico mio es que tiene vértigo.
domingo, 10 de noviembre de 2013
El increible caso de los marcianos escabrosos en el rellano proceloso
Era una mañana brumosa como otra cualquiera de aquel aciago día del mes del corriente. Se filtraba un rayo de sol por las rendijas de la puerta mientras el detective Susodicho ojeaba la prensa con ojos cansados.
Ella entró sin avisar y se sentó frente a él. Puso el trasero en el sitio correspondiente y cruzo una pierna sobre otra y otra mas encima.
- Buenos días -Dijo.
El detective la miró largamente y tras titubear le dijo de corrido.
-Buenos días según y como, usted se llama María Rosario del Socorro. Trabajaba de monja en una frutería y esta mañana ha aparecido un cadáver o dos en su taquilla y ha venido a pedirme auxilio porque insiste en que es inocente.
Ella lo miró abriendo y cerrando la boca, sorprendidísima.
- La he impresionado, ¿verdad? -Dijo él.
- Por completo -Dijo ella. No ha acertado usted ni una.
- Reconocerá que era una suposición muy arriesgada...
- Mire, joven. -Lo atajó- Mi nombre carece de importancia, aunque le puedo adelantar que empieza por Mari y termina por Carmen. Me dedico a hacer el bien a los menesterosos y a cocinar croquetas de jamón con una bechamel muy rica. Tengo un puesto de ello en la quinta avenida de Alcobendas. El motivo de mi visita es que ayer noche me quedé viendo un episodio de madrugada de una serie que salían unos lagartos, marcianos o algo, disfrazados de personas que se comían a los ratones y yo creo que mi vecino es de esos.
Aquello atrajo de inmediato la atención de nuestro héroe. La miró una vez más.
- ¿Seguro que no es usted monja?
- Dígame sus honorarios y lo contrataré para que investigue.
- Mis honorarios serán en dinero, si había pensado pagarme en B o algo, que sepa que como no sé lo que es eso, no lo acepto.
-Siendo así, vale.
Y así fue como nuestro intrépido héroe se puso a investigar aquel sórdido misterio.
Mientras tanto, en un lejano país del Sureste Asiático, un hombre se acuclillaba entre unas palmeras y dejaba oculto un paquete que contenía un radiotransmisor nuclear para hablar con los marcianos. Había olvidado ponerle pilas y este detalle aparentemente tan nimio daría al traste con la vocación cancionera de un tal Mohamé del estuario del Nilo, el niño de las pirámides.
Alrededor de las siete de la tarde, Susodicho se encontraba tomando un cortado y haciendo un crucigrama. A las diez de la noche se quedó durmiendo y cuando se despertó al día siguiente cogió su lupa del siete y se fue a investigar.
Se disfrazó de ancianita vendiendo manzanas y se presentó ante la puerta del vecino sospechoso. Como le daba vergüenza que lo vieran disfrazado no llegó a tocar el timbre, en cambio se comió una manzana y le dejó las mondas. Volvió al poco, ya sin disfraz y esta vez si llamó a la puerta. No había nadie, así que no le abrieron. Insistió, porque no sé si se lo había comentado, pero cuando se pone pesado sabe ser un campeón, y se le acercó una vecina para ver si le pasaba algo, porque se había puesto colorado, colorado...
- ¿Esta usted bien, jovencito?
- ...es que no me abren...joooo...
- Se ve que no hay nadie, ¿porqué no viene usted mas tarde, u otro año si le viene mejor?
- Jooo...es que yo soy detective, ¿me das un duro?
En esta tesitura se oyeron pasos por la escalera y apareció el inquilino del inmueble. Era un hombre enjuto de nariz prominente, rasgos eurasiáticos y barbilla pomerana. Miró a Susodicho y debió de comprender lo que pasaba porque sin pensárselo dos veces se sacó un duro del bolsillo y se lo tendió con gesto displicente.
- Tenga joven, pero no se lo gaste en vino.
Y nuestro héroe se puso muy contento y se marchó.
Al día siguiente, se presentó la clienta desconocida y quiso saber como iba la investigación. El sagaz detective le presentó su informe. Era un escrito de una redacción fenomenal, con una impecable presentación y lleno de faltas de ortografía, sintaxis y educción. Tenia problemas de álgebra mal enunciados y brillantemente mal resueltos. Acababa el dicho informe con un contundente:
"...y un hombre que me da un duro no puede ser de ninguna de las maneras ni un marciano ni un ratón ni un lagarto ni nada malo.
Afectuosamente este que lo es..."
La señora queda estupefacta y patidifusa. Se cae de culo y no es capaz de articular más que el himno del atletic.
Y así acaba este espeluznante relato. ¿Os ha dado miedo?
Ella entró sin avisar y se sentó frente a él. Puso el trasero en el sitio correspondiente y cruzo una pierna sobre otra y otra mas encima.
- Buenos días -Dijo.
El detective la miró largamente y tras titubear le dijo de corrido.
-Buenos días según y como, usted se llama María Rosario del Socorro. Trabajaba de monja en una frutería y esta mañana ha aparecido un cadáver o dos en su taquilla y ha venido a pedirme auxilio porque insiste en que es inocente.
Ella lo miró abriendo y cerrando la boca, sorprendidísima.
- La he impresionado, ¿verdad? -Dijo él.
- Por completo -Dijo ella. No ha acertado usted ni una.
- Reconocerá que era una suposición muy arriesgada...
- Mire, joven. -Lo atajó- Mi nombre carece de importancia, aunque le puedo adelantar que empieza por Mari y termina por Carmen. Me dedico a hacer el bien a los menesterosos y a cocinar croquetas de jamón con una bechamel muy rica. Tengo un puesto de ello en la quinta avenida de Alcobendas. El motivo de mi visita es que ayer noche me quedé viendo un episodio de madrugada de una serie que salían unos lagartos, marcianos o algo, disfrazados de personas que se comían a los ratones y yo creo que mi vecino es de esos.
Aquello atrajo de inmediato la atención de nuestro héroe. La miró una vez más.
- ¿Seguro que no es usted monja?
- Dígame sus honorarios y lo contrataré para que investigue.
- Mis honorarios serán en dinero, si había pensado pagarme en B o algo, que sepa que como no sé lo que es eso, no lo acepto.
-Siendo así, vale.
Y así fue como nuestro intrépido héroe se puso a investigar aquel sórdido misterio.
Mientras tanto, en un lejano país del Sureste Asiático, un hombre se acuclillaba entre unas palmeras y dejaba oculto un paquete que contenía un radiotransmisor nuclear para hablar con los marcianos. Había olvidado ponerle pilas y este detalle aparentemente tan nimio daría al traste con la vocación cancionera de un tal Mohamé del estuario del Nilo, el niño de las pirámides.
Alrededor de las siete de la tarde, Susodicho se encontraba tomando un cortado y haciendo un crucigrama. A las diez de la noche se quedó durmiendo y cuando se despertó al día siguiente cogió su lupa del siete y se fue a investigar.
Se disfrazó de ancianita vendiendo manzanas y se presentó ante la puerta del vecino sospechoso. Como le daba vergüenza que lo vieran disfrazado no llegó a tocar el timbre, en cambio se comió una manzana y le dejó las mondas. Volvió al poco, ya sin disfraz y esta vez si llamó a la puerta. No había nadie, así que no le abrieron. Insistió, porque no sé si se lo había comentado, pero cuando se pone pesado sabe ser un campeón, y se le acercó una vecina para ver si le pasaba algo, porque se había puesto colorado, colorado...
- ¿Esta usted bien, jovencito?
- ...es que no me abren...joooo...
- Se ve que no hay nadie, ¿porqué no viene usted mas tarde, u otro año si le viene mejor?
- Jooo...es que yo soy detective, ¿me das un duro?
En esta tesitura se oyeron pasos por la escalera y apareció el inquilino del inmueble. Era un hombre enjuto de nariz prominente, rasgos eurasiáticos y barbilla pomerana. Miró a Susodicho y debió de comprender lo que pasaba porque sin pensárselo dos veces se sacó un duro del bolsillo y se lo tendió con gesto displicente.
- Tenga joven, pero no se lo gaste en vino.
Y nuestro héroe se puso muy contento y se marchó.
Al día siguiente, se presentó la clienta desconocida y quiso saber como iba la investigación. El sagaz detective le presentó su informe. Era un escrito de una redacción fenomenal, con una impecable presentación y lleno de faltas de ortografía, sintaxis y educción. Tenia problemas de álgebra mal enunciados y brillantemente mal resueltos. Acababa el dicho informe con un contundente:
"...y un hombre que me da un duro no puede ser de ninguna de las maneras ni un marciano ni un ratón ni un lagarto ni nada malo.
Afectuosamente este que lo es..."
La señora queda estupefacta y patidifusa. Se cae de culo y no es capaz de articular más que el himno del atletic.
Y así acaba este espeluznante relato. ¿Os ha dado miedo?
miércoles, 18 de septiembre de 2013
La leyenda del pirata Malvado
Se llamó Alberto Fernando Malvado Tres. Su padre era protagonista de Culebrones y su madre actuaba de fantasma en una casa encantada de mucho postín.
A los pocos años de nacer empezó a crecer y cuando tuvo cierta edad se hizo aprendiz de pirata por correspondencia. Eran tiempos remotos.
Un 16 de Septiembre de 1673 (como todos ustedes saben, ese año hubo varios 16 de Septiembre, nos referimos al tercero) reunió sus miseros ahorros y se compró un bajel de madera, de esos que había antes. Era madera buena. Le puso de nombre "Barco pirata" y se hizo a la mar (o la mar se hizo... bueno, uno de los dos supuestos).
El 17 de Septiembre avista la costa de Pomerania y el 18 ataca al sardinero de altura "Buenas tardes". El 19 lo vuelve a atacar y el 20 lo captura.
Su tripulación y él mismo están comiendo sardinas en escabeche hasta el 21 de Septiembre, en que hartos de su dieta, parten a la búsqueda de algún buque jamonero o solomillero. Pero no lo hallan.
En cambio, se dan de bruces con el Galeon español "Nuestra señora de la Pachamama", que solía venir cargado de oro, joyas, diamantes y tesoros de las Américas (Como ustedes saben entonces había 35 Américas, todas apelotonadas en un islote, nos referimos a la mas occipital de ellas) al continente europeo.. Se entabla un combate monstruoso, épico y gigantesco hasta que el "Barco Pirata" se queda sin balas y pide tiempo muerto. Sin embargo, el galeón llegaba tarde y no se lo concede. El Capitán Malvado les saca la lengua desde la sotavara y los amenaza con terrible acento:
- "Arrieritos somos"
- "Gilipollas" -le contestan desde "Nuestra señora de la Pachamama".
Interviene el capellán de abordo y manda a rezar al marinero que ha insultado tan mezquinamente a los piratas.
De regreso a puerto, ordena que se compren balas de cañón "Como pa una boda" y se van a comer huevos fritos. Sin embargo, la tragedia acecha y esa misma noche el condestable del puerto, por orden del rey, manda elevar los impuestos palmo y medio. Estalla el motín de los huevos fritos y el puerto es incendiado. Malvado logra escapar ileso. Pero toda su ropa estaba en la lavandería y su jubón de abordajear esta manchado de huevo. Pronuncia estas palabras antes de partir, que a la postre han de resultar proféticas:
- ¡En el mundo y en el mundo!. ¡Hay que joderse!
El 22 de Septiembre no se dan de bruces contra nada y el 24 tampoco (ese año no se celebró el 23 de Septiembre por incomparecencia del senado)
El 25 encuentran flotando en el mar a un naufrago con patillas. El naufrago no tiene nombre y les habla de la isla de las sirenas y de las hazañas del capitán pirata Halagoso y su mezquina treta de mandar a su tripulación a cubierta a sonreír y a saludar así con la manita antes de atacar con ferocidad a sus víctimas.
Malvado queda encantado con la añagaza y decide mejorarla. El 26 se tropiezan con una fragata de guerra de Finlandia del norte y ordena que toda su tripulación, desde la cubierta, les muestran sus orondos traseros a los finlandeses en señal de amistad y buenas intenciones. Sin embargo debe haber un malentendido en alguna parte porque estos mandan abrir fuego (abrir y cerrar, abrir y cerrar y así todo el rato) con muy mala intención. Malvado ordena virar a babor y arriar la sotavara. Consigue escapar por muy poco. El barco ha quedado estropeado y un poco sucio, la tripulación desmoralizada y el orgullo de Malvado herido. Su jubon con manchas de huevo y los traseros de su tripulación serán motivo de chanza y befa en los puertos piratas durante mucho tiempo (ayer mismo oí ruborizado yo una alusión vespertina a los piratas calaculo).
Transcurren varias semanas y se van de vacaciones. A la vuelta, el condestable ha ordenado subir las tasas otro palmo. Estalla el motín de alta mar, al que no acudió nadie y a Malvado se le cae un diente. Esa noche, tembloroso y compungido, mete el dientecito bajo la almohada y espera al ratoncito Pérez. Este no se presenta y el capitán, harto de la situación y presa de un enojo estruendoso, manda virar a estribor, izar los cabestrantes y achicar la menor.
El 27 avistan al bajel "La flor de la Canela" e intentan cañonearlo. Pero con tan mala puntería que le dan a un guardia en un ojo y este les pone una multa.
El 28 se dan de bruces contra un portaaviones que ha salido de una nube radiactiva y lo atacan con denuedo. El portaaviones se defiende como puede, pero Malvado esta muy enfadado y no tiene piedad. Captura el barco y lo remolca a la isla de las conservas, donde lo malvende al peso por unos miserables cuatro mil millones de doblones de oro y una pata de cordero en su punto.
Se queda con el dinero y la pata de cordero y comparte la emoción y la gratitud con su tripulación, que no terminan de estar muy de acuerdo.
Hubiera estallado un motín si no fuera por la gracia que tenia Malvado para contar chistes y al hecho de que se ha cambiado el jubón por uno limpio y sus hombres no lo reconocen. Se fuga con las miserables ganancias y se compra un cofre para guardar tesoros y un mapa del tesoro en blanco.
Y aquí comienza la parte de la leyenda. Porque del Capitán Malvado a partir de ese momento apenas se sabe nada mas. Se rumorea que se compro un rancho en Grazalema y se casó con una bella señorita llamada Margareth Ohara. Que tuvo varios hijos y que aprendió a beber en porrón. Que bailaba las bachatas y las sevillanas mezcladas y que hacia trampas al mus.
Hay quien por contra dice que se compro una heredad en Grazalema y se caso con una joven llamada Margarite Ojalá. Que tuvo algunos vastagos y que no podía estar mas de media hora sin comer huevos fritos...
Lo único cierto es que escondió el tesoro fruto de sus correrías en algún ignoto lugar y que el mapa lo escondió tan bien, tan bien.. que nadie sabe donde esta.
A los pocos años de nacer empezó a crecer y cuando tuvo cierta edad se hizo aprendiz de pirata por correspondencia. Eran tiempos remotos.
Un 16 de Septiembre de 1673 (como todos ustedes saben, ese año hubo varios 16 de Septiembre, nos referimos al tercero) reunió sus miseros ahorros y se compró un bajel de madera, de esos que había antes. Era madera buena. Le puso de nombre "Barco pirata" y se hizo a la mar (o la mar se hizo... bueno, uno de los dos supuestos).
El 17 de Septiembre avista la costa de Pomerania y el 18 ataca al sardinero de altura "Buenas tardes". El 19 lo vuelve a atacar y el 20 lo captura.
Su tripulación y él mismo están comiendo sardinas en escabeche hasta el 21 de Septiembre, en que hartos de su dieta, parten a la búsqueda de algún buque jamonero o solomillero. Pero no lo hallan.
En cambio, se dan de bruces con el Galeon español "Nuestra señora de la Pachamama", que solía venir cargado de oro, joyas, diamantes y tesoros de las Américas (Como ustedes saben entonces había 35 Américas, todas apelotonadas en un islote, nos referimos a la mas occipital de ellas) al continente europeo.. Se entabla un combate monstruoso, épico y gigantesco hasta que el "Barco Pirata" se queda sin balas y pide tiempo muerto. Sin embargo, el galeón llegaba tarde y no se lo concede. El Capitán Malvado les saca la lengua desde la sotavara y los amenaza con terrible acento:
- "Arrieritos somos"
- "Gilipollas" -le contestan desde "Nuestra señora de la Pachamama".
Interviene el capellán de abordo y manda a rezar al marinero que ha insultado tan mezquinamente a los piratas.
De regreso a puerto, ordena que se compren balas de cañón "Como pa una boda" y se van a comer huevos fritos. Sin embargo, la tragedia acecha y esa misma noche el condestable del puerto, por orden del rey, manda elevar los impuestos palmo y medio. Estalla el motín de los huevos fritos y el puerto es incendiado. Malvado logra escapar ileso. Pero toda su ropa estaba en la lavandería y su jubón de abordajear esta manchado de huevo. Pronuncia estas palabras antes de partir, que a la postre han de resultar proféticas:
- ¡En el mundo y en el mundo!. ¡Hay que joderse!
El 22 de Septiembre no se dan de bruces contra nada y el 24 tampoco (ese año no se celebró el 23 de Septiembre por incomparecencia del senado)
El 25 encuentran flotando en el mar a un naufrago con patillas. El naufrago no tiene nombre y les habla de la isla de las sirenas y de las hazañas del capitán pirata Halagoso y su mezquina treta de mandar a su tripulación a cubierta a sonreír y a saludar así con la manita antes de atacar con ferocidad a sus víctimas.
Malvado queda encantado con la añagaza y decide mejorarla. El 26 se tropiezan con una fragata de guerra de Finlandia del norte y ordena que toda su tripulación, desde la cubierta, les muestran sus orondos traseros a los finlandeses en señal de amistad y buenas intenciones. Sin embargo debe haber un malentendido en alguna parte porque estos mandan abrir fuego (abrir y cerrar, abrir y cerrar y así todo el rato) con muy mala intención. Malvado ordena virar a babor y arriar la sotavara. Consigue escapar por muy poco. El barco ha quedado estropeado y un poco sucio, la tripulación desmoralizada y el orgullo de Malvado herido. Su jubon con manchas de huevo y los traseros de su tripulación serán motivo de chanza y befa en los puertos piratas durante mucho tiempo (ayer mismo oí ruborizado yo una alusión vespertina a los piratas calaculo).
Transcurren varias semanas y se van de vacaciones. A la vuelta, el condestable ha ordenado subir las tasas otro palmo. Estalla el motín de alta mar, al que no acudió nadie y a Malvado se le cae un diente. Esa noche, tembloroso y compungido, mete el dientecito bajo la almohada y espera al ratoncito Pérez. Este no se presenta y el capitán, harto de la situación y presa de un enojo estruendoso, manda virar a estribor, izar los cabestrantes y achicar la menor.
El 27 avistan al bajel "La flor de la Canela" e intentan cañonearlo. Pero con tan mala puntería que le dan a un guardia en un ojo y este les pone una multa.
El 28 se dan de bruces contra un portaaviones que ha salido de una nube radiactiva y lo atacan con denuedo. El portaaviones se defiende como puede, pero Malvado esta muy enfadado y no tiene piedad. Captura el barco y lo remolca a la isla de las conservas, donde lo malvende al peso por unos miserables cuatro mil millones de doblones de oro y una pata de cordero en su punto.
Se queda con el dinero y la pata de cordero y comparte la emoción y la gratitud con su tripulación, que no terminan de estar muy de acuerdo.
Hubiera estallado un motín si no fuera por la gracia que tenia Malvado para contar chistes y al hecho de que se ha cambiado el jubón por uno limpio y sus hombres no lo reconocen. Se fuga con las miserables ganancias y se compra un cofre para guardar tesoros y un mapa del tesoro en blanco.
Y aquí comienza la parte de la leyenda. Porque del Capitán Malvado a partir de ese momento apenas se sabe nada mas. Se rumorea que se compro un rancho en Grazalema y se casó con una bella señorita llamada Margareth Ohara. Que tuvo varios hijos y que aprendió a beber en porrón. Que bailaba las bachatas y las sevillanas mezcladas y que hacia trampas al mus.
Hay quien por contra dice que se compro una heredad en Grazalema y se caso con una joven llamada Margarite Ojalá. Que tuvo algunos vastagos y que no podía estar mas de media hora sin comer huevos fritos...
Lo único cierto es que escondió el tesoro fruto de sus correrías en algún ignoto lugar y que el mapa lo escondió tan bien, tan bien.. que nadie sabe donde esta.
jueves, 12 de septiembre de 2013
La enfermera Melocotona
Anatomia de Susodicho. Capitulo 2.
En los capítulos anteriores...
Pero no seáis vagos y leerlo, que lo tenéis ahí mismo. Donde pone Anatomía de Susodicho. Capitulo 1. ¡¡Vamos y vamos!!
La enfermera echóse las manos a las bocas y no encontrando mas que una se complugo y lloró. Tomó su toalla y fue a chivarse al director supremo de bocas y narices.
Se presentó ante él y le dijo:
- HHHH....hhhh....hhhh...hhhh.
El director, hombre campechano y muy delgado la miró compungido y haciendo un esfuerzo titánico le respondió:
- Gggggg...gggg...eeehggg
Pero no hubo comunicación y quedó sin poder chivarse. Como no era una mujer que se amilanara ante las adversidades decidió quitarse ella sola las suturas de todas las bocas y eso hizo.
Se coló en un quirófano que estaban pintando mientras los pintores discutían de fútbol y sin cloroformarse ni nada, se operó ella sola. Como no era una cirujana de estas buenas, buenas, se extirpó la boca y luego le quito los puntos, pero hete aquí que al volver a implantársela se le torció la mano porque se había colado una mosca en el quirófano y le quedo la boca torcidita. Así, como si hiciera un mohín picaruelo.
Al día siguiente se vieron. Susodicho se había pasado toda la noche estudiando el manual del Doctor Mayflower para hacer huesos de pladur y estaba algo cansado. La vió en el pasillo y algo en su interior se revolvió. Su manera de sonreirle, su manera de mascar chicle haciendo que sus orejas se movieran al compás...Era tan adorable... Decidió que la amaba y se fue directo hacia ella para decirselo cuando se interpuso en su camino el Doctor Eleuterio Marcapasos. Teniente Coronel médico que estaba de becario en el hospital.
- Hola -le dijo el doctor Marcapasos a ella.
- Oh, -dijo ella al doctor Marcapasos- hola, doctor.
- Es que yo... -dijo Susodicho a ella.
- Luze usted muy linda esta mañana -dijo el doctor Marcapasos a ella.
- Oh, -dijo ella al doctor Marcapasos- es usted tan amable.
- Es que como yo... -dijo Susodicho a él.
- Me he permitido la libertad de traerle estas flores, -dijo el doctor Marcapasos tendiéndole un ramo de flores que llevaba en el bolsillo de la bata a ella- no son tan bellas como usted, pero espero que le gusten...
- Oh, -dijo ella tomándole las flores al doctor Marcapasos- ¡Son tan bellas!
- Ni la mitad de lindas que usted... -dijo el doctor Marcapasos a ella, y aprovechando la coyuntura la besó (a ella). Ello lo besó (al doctor Marcapasos) también y Susodicho, que estaba a punto de decir algo se fue a operar mientras terminaban de besarse. Ya le declararía su amor mas tarde.
Ese día le asignaron 17 operaciones, todas de cambio de sexo a un sujeto muy indeciso. Como no le iba a dar tiempo ni merendar ni nada le pusieron una enfermera para que lo ayudara. Era una chica de piel blanquecina que solo trabajaba de noche, tenia colmillos puntiagudos y cuando la mandaban a buscar sangre tardaba mas de la cuenta y solía volver sin la sangre y mareada. Se llamaba Clodovilde Melocotona Macintós, y estaba como un queso (ver muestrario de quesos).
- Bisturí -pidió Susodicho.
Ella le dió un bisturí.
-Pinzas -pidió Susodicho.
Ella le dió las pinzas.
- No, de estas no, de las de la ropa, para aguantar los pellejos -le explicó el lozano cirujano.
- Perdone doctor, -dijo la enfermera- pero como estoy tan buena...
- Algodón -pidió- gasas, bastoncitos para los oídos, agua oxigenada, sutura,escapulario, serrucho...
Y cada vez que él pedía algo, ella se lo daba. Al principio no, pero luego, poco a poco él se fue fijando en tamaña devoción y sintió como le complacía. Y sin darse cuenta le pidió:
- Su numero de teléfono
Y ella se lo dió.
Esa misma noche fue a llamarla, pero le dió vergüenza y le mandó un whasap diciéndole "Hola". Ella no le contestó y al día siguiente lo abofeteó en el pasillo de los encuentros y lo llamó descarado.
La bofetada afectó a un pelillo rebelde de la barba y se lo metió para dentro. Hubo que operarlo de urgencia y el único que cirujano que había disponible era el doctor marcapasos. Lo asistió en su operación la enfermera pelirroja y rebelde, que con su sonrisa picaruela solía llevar por la calle de la amargura a la mitad de los hombres del hospital.
La operación transcurrió con normalidad; El primer cuarto de forma previsible, el anestesista salió a saludar y el encargado de los bisturís recibió la bronca del cirujano por no tenerlos bien afilados.
Durante el segundo cuarto un internista de postrado contó un chiste y la enfermera pelirroja le guiñó un ojo (de los dos que tenia, el de mas a la derecha) al cirujano jefe.
En el tercer cuarto se cayó de sueño una de las auxiliares y la enfermera pelirroja se morreó con el doctor Marcapasos y luego se lo tiró.
En el cuarto cuarto se acabó la operación y el cirujano jefe le dijo a Susodicho mientras le ofrecía un pitillo.
- Creo que ha ido bastante bien. No va usted a perder ninguna de las cejas y además puede que se pueda volver a afeitar algún día de estos, pero eso si, procure que no le vea nadie.
-Es que yo... -le contesto Susodicho mientras buscaba como darle cuerda al cigarrillo para que echara humo- ...lo de afeitarme...yo...no se si...afeitarme... yo...
Lo trasladaron a una habitación donde un obispo convalecía después de una caída desde el púlpito.
El obispo era muy malhablado y padecía además de soriasis en el epigastrio, lo cual le daba muy mal aliento y un carácter muy agrio.
El obispo se llamaba Sueminencia Pérez (No tenia segundo apellido en muestra de humildad) y cantaba en la ducha y era grato a sus oídos el sonido de la brocha al pintar una pared de azul. El sonido al pintar una pared de verde no le desagradaba y le parecía una cacofonía horrorosa si el color elegido era el rojo.
- Preclaro prócer de la cristiandad -aunció la enfermera encargada de las presentaciones- este es el cirujano emérito Don Suso Dicho.
- A los pies de su eminencia -saludó Susodicho.
- Me cago en tu puta madre -le contestó el bendito hombre de Dios con una sonrisa.
En estos tramites estaban cuando apareció la enfermera Melocotona con una bandeja llena de cosas de operar y se la tendió a Susodicho.
-Ten -le dijo mientras se la tendía (la bandeja) sin poder evitar que una lágrima le corriera por su mejilla.
- Pero es que yo...no...no si... -dijo él.
Ella sintió su protesta como una bofetada y a punto estuvo de ponerse a llorar o a prepara masa para hacer brownings. Y se marchó gimiendo por el pasillo de los llantos.
- Joven imberbe e improductivo -le dijo Sueminencia- esa muchacha lo ama a usted. No me explico por qué, porque la moza se parece mucho a la pagina 17 del muestrario de quesos y usted es feo con una avaricia monstruosa. Amen de parecerse en exceso al dibujo de una mierda que hizo una vez mi sobrino en la guardería.
- Es que yo... -le agradeció Susodicho.
- ¡Que me dejes, pesao! -le contestó el bendito hombre de Dios.
Esa noche el teléfono de Susodicho hizo tiroliro y le mostró un whasap de la enfermera Melocona. era este.
"Amado doctor cirujano mio. Lo amo a usted de una forma desusada y sincopática. La primera vez que lo vi y luego la segunda. Es usted. Señor mio. Lléveme a bailar y a comer chistorra con bechamel. Y si nuestro amor es imposible me quitaré la vida, pero ya mas tarde."
Al día siguiente, muy temprano, nuestro héroe se levantó a orinar y al regresar a la cama se encontró con que lo habían excomulgado y además le habían dado el alta. No pudo volver a acostarse y se despidió del pijama que había llevado desde hacia ya tantos años...
Lo convocaron para extirparle el ombligo a una señora de Chamberí que sentía molestias al ponerse de cuclillas en un butacón forrado de flores muy feo que tenia en su casa.
La operación transcurrió con normalidad. La enfermera Melocotona le pasaba todo lo que él, con ojos enamorados le pedía. La señora de Chamberí leía una revista antigua que había por allí, el anestesista contaba sus vacaciones en las Barbados...cuando de repente...entre el duodeno y el duonono apareció un pergamino enrollado y lacrado. Gran espectación en la sala de operaciones. Susodicho tomó el rollo y lo abrió. Era un mapa muy antiguo y en lo mas alto (en la parte de arriba) ponía (con letras) "Mapa del tesoro del pirata Malvado"
Continuará...
En los capítulos anteriores...
Pero no seáis vagos y leerlo, que lo tenéis ahí mismo. Donde pone Anatomía de Susodicho. Capitulo 1. ¡¡Vamos y vamos!!
La enfermera echóse las manos a las bocas y no encontrando mas que una se complugo y lloró. Tomó su toalla y fue a chivarse al director supremo de bocas y narices.
Se presentó ante él y le dijo:
- HHHH....hhhh....hhhh...hhhh.
El director, hombre campechano y muy delgado la miró compungido y haciendo un esfuerzo titánico le respondió:
- Gggggg...gggg...eeehggg
Pero no hubo comunicación y quedó sin poder chivarse. Como no era una mujer que se amilanara ante las adversidades decidió quitarse ella sola las suturas de todas las bocas y eso hizo.
Se coló en un quirófano que estaban pintando mientras los pintores discutían de fútbol y sin cloroformarse ni nada, se operó ella sola. Como no era una cirujana de estas buenas, buenas, se extirpó la boca y luego le quito los puntos, pero hete aquí que al volver a implantársela se le torció la mano porque se había colado una mosca en el quirófano y le quedo la boca torcidita. Así, como si hiciera un mohín picaruelo.
Al día siguiente se vieron. Susodicho se había pasado toda la noche estudiando el manual del Doctor Mayflower para hacer huesos de pladur y estaba algo cansado. La vió en el pasillo y algo en su interior se revolvió. Su manera de sonreirle, su manera de mascar chicle haciendo que sus orejas se movieran al compás...Era tan adorable... Decidió que la amaba y se fue directo hacia ella para decirselo cuando se interpuso en su camino el Doctor Eleuterio Marcapasos. Teniente Coronel médico que estaba de becario en el hospital.
- Hola -le dijo el doctor Marcapasos a ella.
- Oh, -dijo ella al doctor Marcapasos- hola, doctor.
- Es que yo... -dijo Susodicho a ella.
- Luze usted muy linda esta mañana -dijo el doctor Marcapasos a ella.
- Oh, -dijo ella al doctor Marcapasos- es usted tan amable.
- Es que como yo... -dijo Susodicho a él.
- Me he permitido la libertad de traerle estas flores, -dijo el doctor Marcapasos tendiéndole un ramo de flores que llevaba en el bolsillo de la bata a ella- no son tan bellas como usted, pero espero que le gusten...
- Oh, -dijo ella tomándole las flores al doctor Marcapasos- ¡Son tan bellas!
- Ni la mitad de lindas que usted... -dijo el doctor Marcapasos a ella, y aprovechando la coyuntura la besó (a ella). Ello lo besó (al doctor Marcapasos) también y Susodicho, que estaba a punto de decir algo se fue a operar mientras terminaban de besarse. Ya le declararía su amor mas tarde.
Ese día le asignaron 17 operaciones, todas de cambio de sexo a un sujeto muy indeciso. Como no le iba a dar tiempo ni merendar ni nada le pusieron una enfermera para que lo ayudara. Era una chica de piel blanquecina que solo trabajaba de noche, tenia colmillos puntiagudos y cuando la mandaban a buscar sangre tardaba mas de la cuenta y solía volver sin la sangre y mareada. Se llamaba Clodovilde Melocotona Macintós, y estaba como un queso (ver muestrario de quesos).
- Bisturí -pidió Susodicho.
Ella le dió un bisturí.
-Pinzas -pidió Susodicho.
Ella le dió las pinzas.
- No, de estas no, de las de la ropa, para aguantar los pellejos -le explicó el lozano cirujano.
- Perdone doctor, -dijo la enfermera- pero como estoy tan buena...
- Algodón -pidió- gasas, bastoncitos para los oídos, agua oxigenada, sutura,escapulario, serrucho...
Y cada vez que él pedía algo, ella se lo daba. Al principio no, pero luego, poco a poco él se fue fijando en tamaña devoción y sintió como le complacía. Y sin darse cuenta le pidió:
- Su numero de teléfono
Y ella se lo dió.
Esa misma noche fue a llamarla, pero le dió vergüenza y le mandó un whasap diciéndole "Hola". Ella no le contestó y al día siguiente lo abofeteó en el pasillo de los encuentros y lo llamó descarado.
La bofetada afectó a un pelillo rebelde de la barba y se lo metió para dentro. Hubo que operarlo de urgencia y el único que cirujano que había disponible era el doctor marcapasos. Lo asistió en su operación la enfermera pelirroja y rebelde, que con su sonrisa picaruela solía llevar por la calle de la amargura a la mitad de los hombres del hospital.
La operación transcurrió con normalidad; El primer cuarto de forma previsible, el anestesista salió a saludar y el encargado de los bisturís recibió la bronca del cirujano por no tenerlos bien afilados.
Durante el segundo cuarto un internista de postrado contó un chiste y la enfermera pelirroja le guiñó un ojo (de los dos que tenia, el de mas a la derecha) al cirujano jefe.
En el tercer cuarto se cayó de sueño una de las auxiliares y la enfermera pelirroja se morreó con el doctor Marcapasos y luego se lo tiró.
En el cuarto cuarto se acabó la operación y el cirujano jefe le dijo a Susodicho mientras le ofrecía un pitillo.
- Creo que ha ido bastante bien. No va usted a perder ninguna de las cejas y además puede que se pueda volver a afeitar algún día de estos, pero eso si, procure que no le vea nadie.
-Es que yo... -le contesto Susodicho mientras buscaba como darle cuerda al cigarrillo para que echara humo- ...lo de afeitarme...yo...no se si...afeitarme... yo...
Lo trasladaron a una habitación donde un obispo convalecía después de una caída desde el púlpito.
El obispo era muy malhablado y padecía además de soriasis en el epigastrio, lo cual le daba muy mal aliento y un carácter muy agrio.
El obispo se llamaba Sueminencia Pérez (No tenia segundo apellido en muestra de humildad) y cantaba en la ducha y era grato a sus oídos el sonido de la brocha al pintar una pared de azul. El sonido al pintar una pared de verde no le desagradaba y le parecía una cacofonía horrorosa si el color elegido era el rojo.
- Preclaro prócer de la cristiandad -aunció la enfermera encargada de las presentaciones- este es el cirujano emérito Don Suso Dicho.
- A los pies de su eminencia -saludó Susodicho.
- Me cago en tu puta madre -le contestó el bendito hombre de Dios con una sonrisa.
En estos tramites estaban cuando apareció la enfermera Melocotona con una bandeja llena de cosas de operar y se la tendió a Susodicho.
-Ten -le dijo mientras se la tendía (la bandeja) sin poder evitar que una lágrima le corriera por su mejilla.
- Pero es que yo...no...no si... -dijo él.
Ella sintió su protesta como una bofetada y a punto estuvo de ponerse a llorar o a prepara masa para hacer brownings. Y se marchó gimiendo por el pasillo de los llantos.
- Joven imberbe e improductivo -le dijo Sueminencia- esa muchacha lo ama a usted. No me explico por qué, porque la moza se parece mucho a la pagina 17 del muestrario de quesos y usted es feo con una avaricia monstruosa. Amen de parecerse en exceso al dibujo de una mierda que hizo una vez mi sobrino en la guardería.
- Es que yo... -le agradeció Susodicho.
- ¡Que me dejes, pesao! -le contestó el bendito hombre de Dios.
Esa noche el teléfono de Susodicho hizo tiroliro y le mostró un whasap de la enfermera Melocona. era este.
"Amado doctor cirujano mio. Lo amo a usted de una forma desusada y sincopática. La primera vez que lo vi y luego la segunda. Es usted. Señor mio. Lléveme a bailar y a comer chistorra con bechamel. Y si nuestro amor es imposible me quitaré la vida, pero ya mas tarde."
Al día siguiente, muy temprano, nuestro héroe se levantó a orinar y al regresar a la cama se encontró con que lo habían excomulgado y además le habían dado el alta. No pudo volver a acostarse y se despidió del pijama que había llevado desde hacia ya tantos años...
Lo convocaron para extirparle el ombligo a una señora de Chamberí que sentía molestias al ponerse de cuclillas en un butacón forrado de flores muy feo que tenia en su casa.
La operación transcurrió con normalidad. La enfermera Melocotona le pasaba todo lo que él, con ojos enamorados le pedía. La señora de Chamberí leía una revista antigua que había por allí, el anestesista contaba sus vacaciones en las Barbados...cuando de repente...entre el duodeno y el duonono apareció un pergamino enrollado y lacrado. Gran espectación en la sala de operaciones. Susodicho tomó el rollo y lo abrió. Era un mapa muy antiguo y en lo mas alto (en la parte de arriba) ponía (con letras) "Mapa del tesoro del pirata Malvado"
Continuará...
miércoles, 4 de septiembre de 2013
La verdadera historia de Robin de la pradera
Susodicho Corporation, profesor emérito de historia antigua; Doctor Honoris Causa en cotilleos de la antiguanza y Gran Maestre de la orden del Treintaysiete, por el culo te la hinco; dejándose llevar por la fiebre patria ante las afrentas que los malvados bretanicos del imperio de Gibrartar están haciendo ante sus sufridos compatriotas, quiere desde este púlpito denunciar otro robo histórico de dimensiones apoteósicas. Queremos denunciar, todos los aquí reunidos, la apropiación fraudulenta y malvada de la figura de Mariano Conlamano Lamparón, mas conocido entre sus coetáneos como "Mariano Joo", "Robines de la pradera" y "El tonto ese de Grazalema." Hombre valiente y leal, héroe de la España profunda y medieval, que no estuvo nunca en Sherwood, ni se parecía a Kevin Costner ni nada.
Esta es su verdadera historia.
Nació un 29 de Agosto de 1333 en el hogar paterno. Fue parido por su madre. Y su padre como no pudo fumarse un puro se fumo un dedo (el de sacarse mocos a escondidas).
Hijo de D. José María Conlamano Mireustez (el padre) y de Doña. Mela Lamparón Colesterol (la madre) tuvo una hermana, Mela, que era tontita y que matrimonió cuando tuvo edad con D. Arenisco Garras Gorras. (Fruto de esta unión nacieron dos niñas, Mela y Tela, la primera llego a inscribir su nombre en los anales de la historia y aun hoy en día se la oye nombrar a menudo)
Vivían en la calle de los espaderos. Su padre tenia un taller de "Robines et óxidos" gracias al cual vivían entre grandes boatos y parabienes y pasaban una hambre horrorosa. Su madre, que era mujer piadosa y circunspecta se fue un dia con un trovador muy simpático a misa de nueve y no volvió.
Su padre se hizo fuerte en aritmética ante la obsesión de su santa esposa por la misa de nueve y se dedicó al estudio de los robines. Llegó a destacar tanto en su ciencia que quebró el negocio y los echaron a la puta calle. Nuestro héroe, que a la sazón ya había cumplido los treinta años se compró un carretón y se fue de pueblo en pueblo a intentar ganarse la vida con lo que su padre le había enseñado.
¡¡¡El enrobinador!!! -anunciaba al entrar en los pueblos- ¡¡¡Se enrobinan espadas, cuchillos, tijeras...!!! ¡¡¡El enrobinador!!!!
Como era muy constante y trabajador, al cabo de pocos años llegó a enrobinar unas tijeras a una señora que estaba distraida. Las mujeres de los pueblos hacían cola al verle llegar. Hacían cola para reírse de él y llamarle Gil y Poyas (en esa epoca la palabra gilipollas no se había inventado y la gente era muy correcta) Fue a tanto su fama que el condestable del reino llegó a tomar cartas en el asunto e intervino de forma artera y occipital.
-"A veg, ¿quien ese tal Gobin de la pgadega que hace que el populacho ignogante e ignominioso se gia de él y no pague sus impuestos con aleggia?"
Un inciso en nuestro relato, el Condestable al que nos referimos era D. Cristóbal Dameloquelleves Pérez, vizconde de Montoro. Ceceaba algunos dias y otros se le trababa el frenillo (el de la lengua), a veces hablaba tosiendo y a veces no, tenia risilla de conejo y no pasó a la historia por tonto. Tuvo un descendiente que llegó a ministro...pero esa es otra historia
- No lo sabemos eminencia. Le llaman el Robines de la pradera y se sabe que viene de Grazalema, que su padre era un experto en óxidos y que su madre está en misa de nueve, que tiene una hermana que es tontita y que sus sobrinas darán que hablar, pero nada mas, eminencia.
- Jejejeje -dijo entre risas de conejillo de indias orientales- jijiji -recalcó malévolo- ¡Enceggadlo, enceggadlo!
Y así se hizo. Un 29 de Agosto fue requerido a presentarse ante el sargento de los lanceros de Aznazcollar. Mariano, haciendo uso de un manejo magistral de los tiempos, se presentó ante el citado sargento, que se llamaba Alfredo Punto Pé y que con el correr de los años llegaría a sargento primero, y fue detenido. Ante tamaña felonía, nuestro héroe protestó de forma contundente:
-¡¡¡Jooooo!!!
Don Alfredo se sintió compungido y le dio explicaciones a Don Mariano
- Es...es...es que lo ha manda...da...dado el Condestable.
Mariano lo miró fijamente con esos ojos garzos que tanto dieron que hablar después y haciendo uso de un magistral control de los tiempos le espetó:
- ¡¡¡Joooo!!!
Alfredo quedó desarmado y cayó de rodillas, no podía hacer nada ante una muestra de logica de tan magna enjundia.
Y asi, Mariano huye. Corre por los campos empujando su carretón y recorre viñas y secarrales, campillos y campetes hasta que llega a la Pradera del Prado (Ver mapa). Allí conoce a una banda de ladronzuelos que estaban aburridos y que le proponen que sea su jefe. Mariano accede, y así comienza la leyenda.
En este punto es muy difícil separar lo histórico de lo anecdótico y de lo legendario. Parece demostrado que entre los miembros de su banda estaban "El Barcenas", "El Toxo", "El Cándido", "El Bamby".
Parece demostrado también que cometen atracos, desfalcos, robos, estafas, timos, raterías y otras menudencias.
Se dice, pero no es rigurosamente cierto que se tiraron un pedo en misa y que en cierta ocasión quisieron repetir postre en una boda. Se les atribuyen otros crímenes como que le sisaran las vueltas de la compra a Manolito Monolito, aunque ciertos estudiosos tienden a opinar que el niño se gastó las vueltas en golosinas y quiso echarle las culpa a estos benefactores de la humanidad.
Sea como fuere, el caso es que la fama de sus portentos llega a oídos de D. Cristobal Dameloquelleves, que había venido de sus vacaciones sin haber conseguido broncearse, y que en esa ocasión estaba mas ocurrente que de costumbre.
-Jeejeejee -dijo el preclaro procer- ¿ha pagado sus impuestos? ¿Ehhh? ¿Ha pagado? ¿Ha pagado?
- No -contestóle el diacono- No ha pagado, eminencia. ¿me da un duro?
- Pues que lo encieggen, que lo encieggen -bramó el condestable.
Y así. Un 29 de Agosto, Don Polvorroso del Piamonte, mercenario al servicio de la corona y la coronita (cerveza sosita) y sus huestes aguerridas se presentaron en la Pradera del prado (ver mapa) dispuestos a capturar y detener a D. Mariano de la Pradera y su banda de alegres maleantes.
Las espadas estaban en alto. La cristiandad y algunos infieles quedan pendientes de los acontecimientos. Pero hete aquí que el genio estrategico de D. Mariano y su control magistral de los tiempos interviene en la partida y los alegres camaradas de la pradera (como ya se los empezaba a llamar) quedan pendientes de las ordenes de su líder y son apresados y llevados a presencia del condestable. Durante la redada estornuda Severino Frenteperlada, y este hecho nimio serviría de pretexto para que trescientos años después Don Fernandito Mocoseco le compre a su hijo Emeterio un Excalectric.
Llevados a presencia del Condestable tienen que esperar varias horas mientras este depone con denuedo y sudores fríos. Durante la espera, Mariano mira con ojos fijos al guardia que los guardiaba y le espeta de sopetón:
- "Joooooo!
El guardia baja la cabeza mohíno y cariacontecido. Interviene "el Toxo".
- "Te parecera bonito"
El guardia se avergüenza, "el Bárcenas" pone su granito de arena
- "Vamos que..."
Y ya todos abroncan al servidor del Condestable
- "'¡Que vergüenza!"
- ¡Hacerle esto a estos pobres!
- ¿Has llamado a tu madre? Que hace ya mucho que no la llamas
- ¡¡Pero mírame cuando te hablo!!
- ¿Me das un duro?
El guardia está a punto de ceder y dejarlos en libertad cuando se oyó con voz fuerte y clara un grito desde el pasillo
- ¡¡¡¡PAAAPEEEL!!!!
Y así, envuelto en olor a santidad aparece el magnifico condestable del reino. Loas y Boatos para él.
- Jejejejeje, je je je je, ¿Es este el famoso Magiano de la pgadega? -inquiere con su gracejo habitual con Cristóbal.
- No, debe haber un error, oiga ustez, yo me llamo Mariano Conlamano, ese señor que ustez dice debe ser otro, porque yo, mire ustez -aduce cargado de razón nuestro héroe mientras saca la cédula que lo identifica ante el rey y la reina- mire, aquí, ¿ve? donde pone nombre, que pone Mariano con R de Mariano, que no pone Magiano...
- ¡¡Basta!! -Gritó con desafuero el insigne benefactor de la humanidad, honra y prez de este valle de lágrimas (ver mapa)- Vos sois ese tal Gobin de la pgadega que no paga impuestos y que además asusta a las gallinas del pgado.
Hizose el silencio, un silencio sepulcral de doble vuelta con tirabuzón. ¡Que silencio tan recio se hizo!
- Pero es que yo... -intentó aducir "el Cándido", pero sus compañeros le obligan a callarse entre codazos arteros, pues nuestro heroe estaba mirando con fijeza a Don Cristóbal.
El lo mira a él. El le devuelve la mirada (a él, se entiende). Miranse ambos y no tienen nada que decirse. El Condestable comprende su error y postrándose de hinojos hipa como puede un perdón. Don Mariano, le dice que bueno, que vale y se marchan todos, ahítos y contentos a una casita que tenia luces rojas y estaba al borde de la carretera de Grazalema (igual sigue ahí y todo), que regentaban una pobres mozas a las que los alegres compañeros solian dar casi todas las ganancias de sus andanzas.
Y esa fue la verdadera historia del insigne Don Mariano, el robines de la pradera. Luego vinieron los ingleses y se apropiaron del personaje y que si tal y si cual.
Esta es su verdadera historia.
Nació un 29 de Agosto de 1333 en el hogar paterno. Fue parido por su madre. Y su padre como no pudo fumarse un puro se fumo un dedo (el de sacarse mocos a escondidas).
Hijo de D. José María Conlamano Mireustez (el padre) y de Doña. Mela Lamparón Colesterol (la madre) tuvo una hermana, Mela, que era tontita y que matrimonió cuando tuvo edad con D. Arenisco Garras Gorras. (Fruto de esta unión nacieron dos niñas, Mela y Tela, la primera llego a inscribir su nombre en los anales de la historia y aun hoy en día se la oye nombrar a menudo)
Vivían en la calle de los espaderos. Su padre tenia un taller de "Robines et óxidos" gracias al cual vivían entre grandes boatos y parabienes y pasaban una hambre horrorosa. Su madre, que era mujer piadosa y circunspecta se fue un dia con un trovador muy simpático a misa de nueve y no volvió.
Su padre se hizo fuerte en aritmética ante la obsesión de su santa esposa por la misa de nueve y se dedicó al estudio de los robines. Llegó a destacar tanto en su ciencia que quebró el negocio y los echaron a la puta calle. Nuestro héroe, que a la sazón ya había cumplido los treinta años se compró un carretón y se fue de pueblo en pueblo a intentar ganarse la vida con lo que su padre le había enseñado.
¡¡¡El enrobinador!!! -anunciaba al entrar en los pueblos- ¡¡¡Se enrobinan espadas, cuchillos, tijeras...!!! ¡¡¡El enrobinador!!!!
Como era muy constante y trabajador, al cabo de pocos años llegó a enrobinar unas tijeras a una señora que estaba distraida. Las mujeres de los pueblos hacían cola al verle llegar. Hacían cola para reírse de él y llamarle Gil y Poyas (en esa epoca la palabra gilipollas no se había inventado y la gente era muy correcta) Fue a tanto su fama que el condestable del reino llegó a tomar cartas en el asunto e intervino de forma artera y occipital.
-"A veg, ¿quien ese tal Gobin de la pgadega que hace que el populacho ignogante e ignominioso se gia de él y no pague sus impuestos con aleggia?"
Un inciso en nuestro relato, el Condestable al que nos referimos era D. Cristóbal Dameloquelleves Pérez, vizconde de Montoro. Ceceaba algunos dias y otros se le trababa el frenillo (el de la lengua), a veces hablaba tosiendo y a veces no, tenia risilla de conejo y no pasó a la historia por tonto. Tuvo un descendiente que llegó a ministro...pero esa es otra historia
- No lo sabemos eminencia. Le llaman el Robines de la pradera y se sabe que viene de Grazalema, que su padre era un experto en óxidos y que su madre está en misa de nueve, que tiene una hermana que es tontita y que sus sobrinas darán que hablar, pero nada mas, eminencia.
- Jejejeje -dijo entre risas de conejillo de indias orientales- jijiji -recalcó malévolo- ¡Enceggadlo, enceggadlo!
Y así se hizo. Un 29 de Agosto fue requerido a presentarse ante el sargento de los lanceros de Aznazcollar. Mariano, haciendo uso de un manejo magistral de los tiempos, se presentó ante el citado sargento, que se llamaba Alfredo Punto Pé y que con el correr de los años llegaría a sargento primero, y fue detenido. Ante tamaña felonía, nuestro héroe protestó de forma contundente:
-¡¡¡Jooooo!!!
Don Alfredo se sintió compungido y le dio explicaciones a Don Mariano
- Es...es...es que lo ha manda...da...dado el Condestable.
Mariano lo miró fijamente con esos ojos garzos que tanto dieron que hablar después y haciendo uso de un magistral control de los tiempos le espetó:
- ¡¡¡Joooo!!!
Alfredo quedó desarmado y cayó de rodillas, no podía hacer nada ante una muestra de logica de tan magna enjundia.
Y asi, Mariano huye. Corre por los campos empujando su carretón y recorre viñas y secarrales, campillos y campetes hasta que llega a la Pradera del Prado (Ver mapa). Allí conoce a una banda de ladronzuelos que estaban aburridos y que le proponen que sea su jefe. Mariano accede, y así comienza la leyenda.
En este punto es muy difícil separar lo histórico de lo anecdótico y de lo legendario. Parece demostrado que entre los miembros de su banda estaban "El Barcenas", "El Toxo", "El Cándido", "El Bamby".
Parece demostrado también que cometen atracos, desfalcos, robos, estafas, timos, raterías y otras menudencias.
Se dice, pero no es rigurosamente cierto que se tiraron un pedo en misa y que en cierta ocasión quisieron repetir postre en una boda. Se les atribuyen otros crímenes como que le sisaran las vueltas de la compra a Manolito Monolito, aunque ciertos estudiosos tienden a opinar que el niño se gastó las vueltas en golosinas y quiso echarle las culpa a estos benefactores de la humanidad.
Sea como fuere, el caso es que la fama de sus portentos llega a oídos de D. Cristobal Dameloquelleves, que había venido de sus vacaciones sin haber conseguido broncearse, y que en esa ocasión estaba mas ocurrente que de costumbre.
-Jeejeejee -dijo el preclaro procer- ¿ha pagado sus impuestos? ¿Ehhh? ¿Ha pagado? ¿Ha pagado?
- No -contestóle el diacono- No ha pagado, eminencia. ¿me da un duro?
- Pues que lo encieggen, que lo encieggen -bramó el condestable.
Y así. Un 29 de Agosto, Don Polvorroso del Piamonte, mercenario al servicio de la corona y la coronita (cerveza sosita) y sus huestes aguerridas se presentaron en la Pradera del prado (ver mapa) dispuestos a capturar y detener a D. Mariano de la Pradera y su banda de alegres maleantes.
Las espadas estaban en alto. La cristiandad y algunos infieles quedan pendientes de los acontecimientos. Pero hete aquí que el genio estrategico de D. Mariano y su control magistral de los tiempos interviene en la partida y los alegres camaradas de la pradera (como ya se los empezaba a llamar) quedan pendientes de las ordenes de su líder y son apresados y llevados a presencia del condestable. Durante la redada estornuda Severino Frenteperlada, y este hecho nimio serviría de pretexto para que trescientos años después Don Fernandito Mocoseco le compre a su hijo Emeterio un Excalectric.
Llevados a presencia del Condestable tienen que esperar varias horas mientras este depone con denuedo y sudores fríos. Durante la espera, Mariano mira con ojos fijos al guardia que los guardiaba y le espeta de sopetón:
- "Joooooo!
El guardia baja la cabeza mohíno y cariacontecido. Interviene "el Toxo".
- "Te parecera bonito"
El guardia se avergüenza, "el Bárcenas" pone su granito de arena
- "Vamos que..."
Y ya todos abroncan al servidor del Condestable
- "'¡Que vergüenza!"
- ¡Hacerle esto a estos pobres!
- ¿Has llamado a tu madre? Que hace ya mucho que no la llamas
- ¡¡Pero mírame cuando te hablo!!
- ¿Me das un duro?
El guardia está a punto de ceder y dejarlos en libertad cuando se oyó con voz fuerte y clara un grito desde el pasillo
- ¡¡¡¡PAAAPEEEL!!!!
Y así, envuelto en olor a santidad aparece el magnifico condestable del reino. Loas y Boatos para él.
- Jejejejeje, je je je je, ¿Es este el famoso Magiano de la pgadega? -inquiere con su gracejo habitual con Cristóbal.
- No, debe haber un error, oiga ustez, yo me llamo Mariano Conlamano, ese señor que ustez dice debe ser otro, porque yo, mire ustez -aduce cargado de razón nuestro héroe mientras saca la cédula que lo identifica ante el rey y la reina- mire, aquí, ¿ve? donde pone nombre, que pone Mariano con R de Mariano, que no pone Magiano...
- ¡¡Basta!! -Gritó con desafuero el insigne benefactor de la humanidad, honra y prez de este valle de lágrimas (ver mapa)- Vos sois ese tal Gobin de la pgadega que no paga impuestos y que además asusta a las gallinas del pgado.
Hizose el silencio, un silencio sepulcral de doble vuelta con tirabuzón. ¡Que silencio tan recio se hizo!
- Pero es que yo... -intentó aducir "el Cándido", pero sus compañeros le obligan a callarse entre codazos arteros, pues nuestro heroe estaba mirando con fijeza a Don Cristóbal.
El lo mira a él. El le devuelve la mirada (a él, se entiende). Miranse ambos y no tienen nada que decirse. El Condestable comprende su error y postrándose de hinojos hipa como puede un perdón. Don Mariano, le dice que bueno, que vale y se marchan todos, ahítos y contentos a una casita que tenia luces rojas y estaba al borde de la carretera de Grazalema (igual sigue ahí y todo), que regentaban una pobres mozas a las que los alegres compañeros solian dar casi todas las ganancias de sus andanzas.
Y esa fue la verdadera historia del insigne Don Mariano, el robines de la pradera. Luego vinieron los ingleses y se apropiaron del personaje y que si tal y si cual.
martes, 6 de agosto de 2013
Anatomia de Susodicho
Susodicho ha encontrado un trabajillo para las tardes.
El jueves se despertó antes de tiempo y se fue a dar una vuelta. Se paso por el hospital y vio un cartel de "Se necesita cirujano, preguntar por el señor Paco." Preguntó por el señor Paco y lo han contratado. Está a prueba, pero se le ve animado.
El viernes hizo dos trasplantes y una trepanacion, y el sábado operó de amígdalas dos veces a una señora muy pesada. Se metió en el quirófano a las nueve menos cuarto para hacer un bypass a un señor con bigote, lo anestesió con ese salero que tiene él para sus cosas. Abrió al señor del bigote y sacó lo que no le gustaba, que si una arteria con pinta de estar pasada de fecha, que si un calculo mal hecho, que si una costilla poco hecha... lo estaba poniendo en una bandejita para que no se le líen las cosas cuando sonó la sirena del cambio de turno. Se quiso quedar para rematar la faena, pero le dijeron que no pagan horas extras. Recogió sus cosas y se vino para casa. Ya acabará el lunes.
Le han puesto una becaria nueva. Es muy guapa, pero tiene pinta de puta (Yo creo que hasta ejerce) (Que hasta ejerce de puta, digo) (Digo que creo) (Yo, que digo que creo yo que que ejerce de puta, ella) El caso es que con la ley antitabaco habían quitado los ceniceros de los quirófanos y la becaria es rebelde (Yo creo que es rebelde y puta). Y o bien por rebeldía o porque no puede estar sin fumar, fuma en las operaciones sin cenicero ni nada y el otro día se le cayó la ceniza dentro del bazo de un señor calvo y Susodicho se puso echo un basilisco de siete suelas y le dijo algo así como;
- "¡Jolines con el tabaquico hija!
La becaria, que es pelirroja (pelirroja, rebelde y puta) se puso colorá, colorá, colorá. Se quitó el mandil de operar y lo tiró encima del bazo del señor.
-"Pos ahora vas y acabas la operación tu solo, so cirujano" -le dijo.
Y se marchó a llorar a la playa.
Ese día vino ahito, cabizbajo y pensativo. Se comió un kilo de helado (estaba de oferta en el Carrefour) y se durmió.
Al día siguiente se la encontró en la sala de preoperatorio.
- "Esto no puede seguir así" -le dijo con voz trémula -"creo que estoy embarazada, de cinco o seis meses" - dijo ella... espera... ¿o fue él? es que como ando tan liado, a veces me confundo... dijo uno de ellos.
- Pero si no nos hemos acostado ni nada -dijo él.
- Pero alguna vez lo haremos -dijo ella.
- Pero... -dijo él.
- No me quieres, no me quieres, oh...¡! -dijo ella.
- Es que yo.. no se.. -dijo él.
- ¡Oh..! -dijo ella. Cogió su toalla y se fue a llorar a la playa.
Lo llamó con urgencia el jefe de neurología hepática asistencial, que debe ser muy importante porque está muy gordo.
- Señor mio -le dice eso a todo el mundo porque no se acuerda de los nombres- he sido informado de que ha seducido usted a una becaria pelirroja, rebelde y con fama de puta.
- No si yo... no se... como soy nuevo...
- ¡Que no se vuelva a repetir!
Y se vino para casa a comer helado.
Al día siguiente no fue a trabajar porque no tenia ánimos y aun quedaba helado.
Cuando volvió se tuvo que enfrentar con su destino. Fue llamado con urgencia por el director supremo del turno de tarde y este le pidió explicaciones por su ausencia. Le enseño el justificante que le habia hecho:
"El cirujano Susodicho no pudo ir a trabajar ayer porque se encontraba enfermo.
Su papá"
Volvió a sus operaciones y se enfrento a un trasplante de tetas y a dos trepanaciones, pero estaba muy nervioso y acabó trepanandole una teta al anestesista. Menos mal que no se lo tomó a mal, que sino. igual le riñen.
Se encontró con la becaria, venia bronceada y lo miró con ojos llorosos. El la miró con sus ojos (de la cara) y se puso lloroso también. Se miraron con ternura y su fueron, cada uno a lo suyo.
Recibió una misiva misteriosa. Estaba en su taquilla, muy bien dobladita y ponía "misiva", para que no hubiera confusiones de ninguna clase. No ponía nada mas, pero estaba hecha en un tono amenazador y chulesco. A Susodicho no le gustan las chulerías, las chucherías si, pero ya le hemos explicado que no es lo mismo. Así que tomo la misiva y se fue a buscar a la becaria. La encontró en una calleja de los suburbios haciendo balancear su bolsito calle arriba y calle abajo, calle arriba y calle abajo...
_ ¿Que significa esto? - Le espetó así, como espeta él, poniéndose muy flamenco.
- Nene, ¿subimos? - Le re-espetó ella.
Se hizo un silencio sepulcral. Ella era pelirroja y puta (aquí, me van ustedes a perdonar, pero no había duda ninguna), pero no era rebelde. No era rebelde. No era becaria y le asomaba un apéndice por la minifalda.. ¡No era ella!!!
- No, perdone. Que me he dejado las gafas de cerca encima del piano (mentira repugnante, no tiene gafas de cerca) y como ya es tan tarde...
- Nene, ¿subimos?
- No, es que tengo vértigo...
- Nene, ¿subimos?
Y se marchó y la dejo con la duda reconcomiendola en la distancia.
Al día siguiente, se la cruzo en el pasillo (A la becaria pelirroja, rebelde y puta), lloraba.
- Hola -le dijo él.
- ... -lloró ella.
- Oye, tu no me mandarías esta notita... -dijo él sacando la misiva.
-... -lloró ella con mas desconsuelo.
- Es que me han puesto esta misiva en la taquilla, que yo no soy taquillero ni nada, pero hija, van y me la ponen y a ver que va a hacer uno.
- ...es que yo te quiero, cirujano de mis entretelas, pero como soy tan pelirroja... -dijo ella moqueando con fruición entre hipos nerviosos...
¡¡¡ATENCION ATENCION TODOS LOS CIRUJANOS A SUS PUESTOS!!!! HA HABIDO UN CHOQUE DE TAXIS Y HAY QUE ATENDER A LOS HERIDOS. -Tronó en aquel instante preciso el servicio megafónico del hospitalillo.
Ambos, conscientes de su obligación marcharon raudos a la zona de urgencias.
A los pocos minutos empezaros a llegar ambulancias, la mayoría venían con heridos. A Susodicho le asignaron un señor que con el impacto se he habían caído las gafas y había que reimplantarselas. Lo llevaron a su quirófano, donde ha puesto unos cuadros muy bonitos donde sale él con Marta Sánchez (Foto trucada, diga él lo que diga, porque ella está a color y el en blanco y negro y vestido de arbitro), otra que sale en el balcón con el Papa (que yo creo que tampoco es de verdad) y otra con Obama, vestidos ambos de caperucitas (que yo creo que es trucada también, pero vamos...)
La becaria lo acompañaba. Al principio aprovechaba para tocarle las manos al pasarle el instrumental, pero luego se entretenía mas de la cuenta en esos roces inocentes, y acabó por hacerle manitas ya de forma descarada.
- No, si es que... es que... -le dijo él, intentando hacer un corte oblicuo en el hemíptero subcutáneo transversal.
- ... -dijo ella, poniéndose a llorar.
- No, si es... es que...
- Pues te doy un beso -dijo ella, y se arrebató a la lujuria y se monto encima del paciente para besarlo.
El fue mas rápido, se apartó y ella se cayó de boca. Aprovechando que tenia los artes de operar en las manos le cosió la boca en un pis pas antes de que se levantara.
Y aquí termina este capitulo. Mañana (o pasado, o cuando me acuerde) mas.
Continuará...
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